El cultivar de trigo Curupay demuestra su potencial y estabilidad en un invierno difícil

La campaña de invierno fue compleja y dejó sabor amargo. Sin embargo, esta realidad permitió recabar información útil y variada para instancias futuras. Estos años exigentes son los que nos permiten separar los buenos cultivares de los excelentes. Después de redondear la cosecha y analizar la información proveniente de los ensayos y las chacras comerciales, aparece un cultivar que nos permite encender varias luces verdes.

 

Su nombre es Curupay, un cultivar de trigo que en el año de su lanzamiento (primero de siembra masiva) sorprendió positivamente por su capacidad para soportar los embates del ambiente.

 

Pese a que cada cultivar que se promueve en el mercado es minuciosamente evaluado durante un mínimo de tres años, siempre existe la posibilidad de que algún factor externo que no se haya podido evaluar en su etapa pre comercial termine generando algún efecto no deseado. Este no fue el caso de Curupay, que demostró estar preparado para enfrentar las complejidades del ambiente.

 

Para describir su comportamiento vale la pena analizar sus características en materia de sanidad, rendimiento y calidad, tres factores que justifican la elección de cada variedad.

 

Desde el punto de vista sanitario, soportó de muy buena manera el exceso hídrico y las altas temperaturas. En un año en el cual la incidencia de roya amarilla y anaranjada fue altísima, este cultivar demostró que es resistente a ambas. En cuanto a las enfermedades causadas por bacterias, esta variedad no estuvo ni cerca de alcanzar los niveles de severidad de otros trigos.

 

Por otra parte, las manchas foliares no representaron ningún problema, ya que de antemano se recomendó no sembrar sobre rastrojos de trigo. Finalmente, frente al patógeno Fusarium no mostró problemas.

 

En términos de rendimiento, demostró que además de tener un alto potencial productivo (evaluado en años anteriores), presenta una gran estabilidad productiva. Al recabar los datos de más del 90% de las chacras sembradas aparecen números muy interesantes para el año que pasó. Ninguna chacra rindió menos de 3.000 kg/ha y muchas de ellas superaron ampliamente los 4.000 kg/ha, en un año donde estos niveles de rendimiento no se escucharon mucho.

 

El punto que quizá menos incertidumbre nos generaba, porque está totalmente estudiado, evaluado y validado, era la calidad de grano que tendría el cultivar. En términos generales demostró ser un trigo de calidad superior, arrojando valores de proteína siempre por encima de 12% y de peso específico entre 82 y 85 kg/hl, además de tener los demás paramentos de calidad panadera óptimos.

 

A modo de resumen, en los tres aspectos de mayor importancia a la hora de elegir un cultivar, Curupay demostró todo lo que esperábamos de él y dejó claro que vino para quedarse, ya que resulta una alternativa altamente competitiva y segura en materia de trigos.

 

Por Manuel Artigas

MÁS NOTICIAS